lunes, 19 de abril de 2010

La asimetría de la crisis

Hoy, al ir al leer el DIARIO de Cádiz me he encontrado con la noticia de la falta de víveres necesarios para surtir este año las necesidades de los bancos de alimentos y de las organizaciones que dedican su esfuerzo en repartir alimentos entre la población más necesitada. Desgraciadamente los menos favorecidos y los más perjudicados por la crisis del capitalismo son los que menos voces levantan o pueden levantar ante la misma. Las noticias normalmente obvian lo más evidente, lo más sangrante, que en el Tercer Mundo muere la gente de hambre, las mujeres no tienen medios para poder dar a luz, las medicinas no llegan, y aquí en el Primer Mundo convive un Cuarto Mundo totalmente desconocido para muchos. Existe una terrible asimetría en la crisis de este comienzo de siglo, una crisis de un sistema que no es capaz de hacer frente a los grandes retos de la renta básica, del control del flujo de capitales hacia paraísos fiscales, de la propia soberanía alimentaria del ser humano. En un Planeta donde los excedentes de producción se tiran para no abaratar los precios, donde el gran problema es que no podemos coger un avión o en una ciudad donde es preferible hacerle una visera a la Tribuna del Estadio de fútbol antes de dotar de medios a los más necesitados que hace años que no cobran el paro ni subsidio alguno. Vivimos instaurado en el sálvese quién pueda, donde, a modo de oasis, existen mujeres y hombres que dedican su tiempo libre a atender a los más desheredados del capitalismo salvaje que nos ha quedado como pensamiento único. Vivimos adormecidos por la realidad, acomodados entre el sofá, el periódico, la tele y quizás este blog. ¡Qué pena de herencia! ¡qué pena de la falta de alternativa! No sé si será por ser lunes, o por la pérdida, hoy, de un compañero, pero es difícil a veces maquillar la realidad. Buen día.

Foto: Diario de Cádiz.

6 comentarios:

belijerez dijo...

Has nombrado RENTA BÁSICA????

No vivimos de milagros, pero puede ser una alternativa la RENTA BÁSICA, acompañada de otras medidas. Por supuesto equidad económica y muchos impuesto sobre todo para el que más tiene, pero eso para el PPSOE son cantos de sirena.

Dean dijo...

A nadie le interesa ni siquiera maquillar los datos, es más, cuanto mayores sean las diferencias más se regodean en su sillón los poderosos.
Un saludo.

ElSrM dijo...

Toca ud. temas que me parecen claves, profesor.

Sobre el Tercer Mundo. Se aprovechan además algunos, los listos de siempre que llevan los bolsillos llenos a costa de los demás, de nuestra psicología inherente. Nos es más fácil preocuparnos de, querer a, desear a, etc. aquello que vemos, aquello con lo que tenemos contacto a través de los sentidos que lo lejano. No es lo mismo ver a alguien a través de nuestra ventana que a través de la fría pantalla del televisor. Imaginemos que vemos estallar una bomba de las que casi cada día nos dicen que ha matado en p.ej. Bagdad, pero por la ventana de nuestra casa, cadáveres, sangre y gritos incluidos.
Es éste un instinto de supervivencia —cuando las barbas de tu vecino veas...— que pierde casi todo su significado en el mundo civilizado y, sobretodo, globalizado.
De este instinto de prioridad por lo cercano y más indeferencia por lo lejano se aprovecha el tipo que exprime como a limones a personas que viven muy lejos para manufacturar bienes que se venden y compran en nuestros mercados nacionales, en nuestros países. Parecido, aunque de forma menos trágica sucede en los países industrializados. Si vives en la ciudad y lejos de cualquier campesino, si quieres probar una buena naranja española te sale a cuenta viajar a Berlín, porque se venden allí. Las que nos venden aquí, por el nivel de precios que pagamos, son las peores de toda la cosecha, eso cuando son de producción nacional y no importadas de aquellos países de los que hablaba donde exprimen al que no conocemos.
Además, y la paradoja es hiriente, puede usarse otro instinto para reforzar la ignonimia. El sentimiento de pertenencia al grupo: familia, clan, tribu, barrio, nación... Además de estar exprimiendo a aquellas personas lejanas cuya penuria nos importa menos instintivamente que la penuria del indigente que sí vemos por nuestra ventana, se puede reforzar la seguridad de mantener estas prácticas productivas y mercantiles si nos avivan el odio contra el de fuera. Así, encima, nos hacen creer que tenemos salarios a la baja por la competencia desleal del exprimido. Valga lo mismo para los niveles de paro, los de inseguridad, los de heterogeneidad cultural, los de calidad mínima en los productos importados, los precios agrícolas de producción a la baja... Nos estimulan para que odiemos a las personas exprimidas de allí en lugar de identificar y responsabilizar al listillo de los bolsillos cargados que los exprime a ellos primero y a nosotros después.

Sobre el Cuarto Mundo. El hecho de que la internacionalización de la producción haya comenzado a convivir con la importación de la mano de obra barata como si fuese maquinaria y no personas nos ha llevado ante un nuevo fenómeno. Los sociólogos usaban aquella clasificación tradicional básica de las clases sociales: alta-media-baja, donde cada nivel, dinámico, se caracterizaba por unas determinadas riqueza, renta, cultura... Ahora, miran nuestra tradicional clase baja o trabajadora y ponen a su lado a los inmigrantes traídos para exprimir aquí directamente en casa y ven que no son de la misma clase. Pero no porque los hijos de un carpintero hayamos pasado a ser de clase media como los hijos de un médico, no. Sinó porque estos inmigrantes que prácticamente "han traído" incorporan a nuestra sociedad un conjunto de características de clase que suponen un salto abrupto hacia abajo respecto a lo que era nuestra clase baja. Hay quien ha dado en llamarlos de modo técnico "clase cero" o "subclase".

(...)

ElSrM dijo...

(...)

Si no somos capaces de marcar unas fronteras rígidas en temas como los que señala de soberanía alimentaria, entonces este sistema económico no sirve y hay que cambiarlo. Si no se puede corregir expeditivamente mediante reglamentación intocable y fijar límites claros a las cosas con las que no se puede hacer negocio, entonces hay que sustituirlo. P.ej., que se tiren excedentes de producción alimentaria para evitar que baje el precio es de locos o, como mínimo, es inhumano. Lo mismo pasa cuando uno se entera de que en 2.008 el 1% del P.I.B. mundial habría bastado para erradicar la muerte humana por desnutrición en todo el mundo. Solamente el uno por ciento. Si el sistema económico impide que se haga eso con celeridad y diligencia porque "no interesa" o "no sale a cuenta" ese sistema no nos sirve. A lo mejor el propio sistema es la causa de que tengamos esa capacidad de que sólo suponga el 1% acabar con tal problema. Pues muy bien, bienvenida sea esa nueva capacidad nunca antes disponible. Pero si nos impide usarla, las limitaciones son claras.

Sobre que se haya llegado a esta situación. Recordemos el argumento antrópico: si algo sucede es porque puede suceder. En la cosa de la que hablamos, los cuatro listillos de los bolsillos llenos actúan así porque la presión de todos nosotros para que no puedan hacerlo o no ha existido o ha sido demasiado débil. ¿Podemos mejorar la situación? Sólo lo sabremos si lo intentamos.

Lamento su dolor por la pérdida de su compañero.

Mi más cordial saludo,

Paco Piniella dijo...

Este es un ejemplo de cómo los comentarios mejoran y enriquecen lo que se dice. Gracias

Nicolás dijo...

Vivimos en una sociedad cada vez más aburguesada donde la misma clase trabajadora teme perder los avances conseguidos durante años. Juzgar si estos avances son muchos o pocos merecería no un comentario sino una tesis entera. Hemos llegado a pensar, mejor aún, nos han hecho creer que hemos avanzado mucho pero cuando analizas la realidad de forma global y no desde una perspectiva personal descubres que la Edad Media todavia está a un tiro de piedra.