La foto está hecha hace unos cinco o seis años, desde un autobus, desde Esmeralda a Guayaquil. A mí me llamó la atención, a los que iban en el bus no les deparó ninguna sorpresa: un pollazo es un gran pollo, el de que presume el tal Fredy, dueño del restaurante. El otro día dejaba yo tanto aquí como en el Diario de Cádiz una referencia a la simple denominación de una profesión desde una perspectiva de género (¿Capitán o Capitana?) y me llamó la atención cómo se produjeron ciertos comentarios muy crispados. Puedo entender que ciertos sustantivos "tamizados" por el género femenino pueden resultar extraños, incluso malsonantes, pero de lo que no me cabe duda es que el lenguaje no es algo cerrado, que en definitiva levanta acta notarial de lo que ocurre en la sociedad. No podemos permitir que en el Diccionario de la RAE la palabra Capitana no ocupe el campo semántico de la "mujer dedicada a capitanear un barco", sino que se siga recogiendo como "mujer del Capitán". Sería como pensar que Alcaldesa es la "mujer del Alcalde", como aún perdura. La igualdad entre hombres y mujeres tiene que llegar también al lenguaje, entrar siempre en el corcel cerrado de la Gramática es injusto, hay que adaptar el lenguaje a la realidad que vivimos e incluso a la diversidad geográfica del castellano, como he intentado resaltar con el vocablo "Pollazo". Existe un argumentario en contra que ha calado: "Las palabras no tienen sexo, sólo tienen género. Tratar de investir de significado político a las palabras es un inmenso error que desprestigia a quien lo aplica. El lenguaje es para comunicarse." ¿Cómo desmontar este planteamiento? En primer lugar, tenemos que reivindicar que el lenguaje sí que es un arma política y de control, y es machista, en el sentido de predominio de lo masculino sobre lo femenino, porque la sociedad tradicional se ha basado generalmente en el dominio del hombre sobre la mujer. Claro que hay significado político en las palabras: desempleado por parado, desaceleración por crisis,... incluso palabras que eran despectivas o usadas como insultos (maricón) tornan en otras que son aceptadas por todos (homosexual), lo que implica un cambio en la sociedad sobre diferentes tabúes (como el sexo o la orientación sexual). Recordemos, además, que el porcentaje de académicos de la RAE está en torno al noventa por ciento de hombres lo que, ya de por sí, implica un papel descompensado en la forma de analizar los problemas. Yo, insisto, en que este no es un problema baladí, más bien es algo que cala, y mucho, en la sociedad. Hablamos y con ello vamos también cambiando la sociedad, y pensemos en realizar este cambio de forma serena sin cambios extrambóticos pero cambiando, poco a poco cambiando el enfoque sexista de nuestra forma de hablar. La lengua española dispone de recursos para que, sin apartarse de la norma que rige el funcionamiento del sistema lingüístico, pueda no solo reflejar esa igualdad, sino contribuir a ella. Y si se hace falta pués se cambia la norma para que se reflejen los cambios que afortunadamente vivimos.
8 comentarios:
Muy bien, Paco. Pero ¿quién está al servicio de quién?. Y eso que a algunos les cuesta entender que llega el momento de esta nueva sociedad, su momento, y cambiarán o perfeccionarán las normas y costumbres que les parezcan bien por mucho que nos empeñemos en perpetuarlas en el tiempo.
Y esto será así en las ciudades capitales de provincias, y en pueblos por muy grandes que sean.
Saludos desglosados.
Yo estoy de acuerdo en ir modificando el lenguaje, poco a poco, de manera premeditada, y no solo dejando las cosas "a su evolución natural". Primero, porque tal cosa no existe y segundo, porque nadie nos manda.
Los cambios en el lenguaje vienen de todas partes. Porque un escritor o una generación de escritores proponen o promueven ciertas expresiones, palabras o significados, porque se introducen palabras extranjeras, porque la ignorancia nos hace aceptar ciertos errores que luego son norma,...
Aceptar que podemos eliminar la expresión "judiada" y reemplazarla por "putada" si nos da la gana es tan evolución natural como aceptar "cocreta" por "croqueta" si mucha gente lo dice así.
Todo está en no ir más rápido de lo que se pueda buenamente absorber y no exagerar.
Si se me permite la autocita, escribí una especie de parodia sobre todo esto que puede ser de interés:
http://todoloqueseaverdad.blogspot.com/2009/06/ser-politicamente-correcto-en-blanconia.html
Comparto tu criterio. Estoy harta de escuchar en algunos ambitos el "lenguaje inclusivo" pero los hechos son otra realidad. Mientras no cambie la realidad el lenguaje seguirá hablando lo que siente el corazón. La involución que vivimos en España, en demasiados aspectos, es deprimente.
Completamente de acuerdo, hace apenas 100 años que ingresó la primera mujer a la universidad en España, y tenía que ir acompañada de un hombre. Lo que sucede es que muchos hombres creen que ya se ha hecho suficiente con lo del feminismo, pero falta aún mucho camino por recorrer y por eso la necesidad de que se cambien muchos aspectos de la cultura como el lenguaje.
Un saludo.
Interesante tu artículo. Me hace recordar algo que pensé hace poco.
Estando en un avión (viajaba de una ciudad a otra de Perú) me dí con la grata sorpresa que el piloto del avión era una mujer. En ese momento pensé: ¿piloto o pilota?
Definitivamente el lenguaje no es algo estático....cambia con el tiempo.
Te dejo muchos saludos berlineses.
Allá sigue el tremendo pollazo de Fredy, Paco. No entiendo que todavía pueda decirse que el lenguaje no es político. Y claro que es un vehículo de comunicación y, por eso, usémoslo y recreémoslo.
Un beso.
Opto por que la capitana capitanee sin necesidad de vínculo con el señor capitán.
Otro beso.
No puedo estar más de acuerdo:
http://flautaenfa.wordpress.com/
Muchas veces no hay que ir mucho más allá de las propias reglas del lenguaje, que existen y tienen casi todo previsto. No hay que buscarle tres pies al gato.
Los nombres de ciudades y países son femeninos si terminan en a, en el resto de los casos son generalmente masculinos, aunque existen muchas excepciones:
La Habana es maravillosa.
Madrid es maravilloso.
España es muy bonita.
Marruecos es muy pobre.
Existe lo que se llama género natural, o sea, si el sustantivo corresponde a un animal o persona de sexo femenino o masculino éste será del mismo sexo, por ejemplo:
el hombre
la mujer
el actor
la actriz
el rey
la reina
el caballo
la yegua
Si el sustantivo masculino termina en o, el femenino se forma cambiándose por a, por ejemplo:
el médico la médica
el abuelo la abuela
el ingeniero la ingeniera
Si el sustantivo masculino termina en -or, -ón, -és, -ín, el femenino se forma añadiéndose la a, por ejemplo:
el profesor la profesora
el león la leona
el inglés la inglesa
el bailarín la bailarina
Si el sustantivo termina en –nte, -ista, ó en consonante tiene la misma terminación en ambos géneros, por ejemplo:
el periodista la periodista
el cantante la cantante
el joven la joven
Algunos sustantivos aceptan artículos femeninos y masculinos, pero su significado cambia, por ejemplo:
el frente (parte delantera) la frente (parte superior de la cara)
el capital (dinero) la capital (ciudad)
el cura (sacerdote) la cura (medicina)
el cometa (estrella) la cometa (juguete)
Algunos sustantivos aceptan también los dos géneros sin cambiar su significado, por ejemplo:
el mar (común) la mar (palabra poética)
el calor (común) la calor (en Andalucía)
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