Internet permite hoy en día que podamos tener a golpe de click cualquier película, cualquier canción, y dentro de poco casi cualquier libro. Esto está muy bien, evidentemente. Pero mientras esto ocurra, nadie va a perder el tiempo y el dinero en bajar a comprar un CD o un DVD. También está claro, que las nuevas tecnologías deben generar nuevas formas de creación y de "venta" de esa creación. Viene todo esto a colación de la firma colectiva de ayer en RBS en la que me adhería al documento que ha sido ampliamente difundido en toda la blogosfera en contra de las posibles medidas del Gobierno para limitar el uso de Internet; aunque también, es verdad, que he leído alguna que otra voz discordante. Pero esto no quiere decir y me gustaría dejarlo claro, que yo crea que la libertad de expresión se reduzca a tener o no tener un P2P para bajarnos lo que queramos. Internet debe ser libre, pero tan libre como la calle o la plaza. Internet no puede ser una isla de impunidad para nada, ni para poner a parir de forma anónima a la gente, ni para cometer delitos en cualquiera de los órdenes. Esta mañana me pasaron en pdf el anteproyecto de la famosa Ley de Economía Sostenible y la verdad que no he tenido ni ganas ni tiempo para leerme concretamente qué pone sobre la limitación de las descargas de ficheros por Internet. Y creo que muchos habremos entrado al hilo de la protesta sin realmente leer a ciencia cierta qué es lo que dice el dichoso artículo del anteproyecto. Y sin caer en la doble moral de qué piratería es buena y cuál es mala, como decía Manolo Saco en su tribuna de ayer. Por todo ello me tocaba hoy, al día siguiente, hacer un voto particular que delimitara a los internáutas, de los chorizos, y de los abusones. El Gobierno ha legislado poco y mal sobre los derechos de autor, ha delegado en organizaciones que han superado en las encuestas a la propia Hacienda en el ranking de instituciones "malanges" (como decimos por Cádiz). Pero bien es verdad que los que hemos publicado algún libro y apenas cobramos un duro por derechos de autor no solo seguimos sin ver una contraprestación a nuestro esfuerzo, sino que el problema se presenta en las propias editoriales que dificilmente sacan textos que no sean comerciales y tengan la posibilidad de convertirse en el regalo del Día de la Padre o de los Reyes Magos. Y eso sí es un handicap para la cultura y para la difusión de la ciencia y el conocimiento en general. Además de Pérez Reverte, de Ramoncín y de Rosario Flores, hay mucha gente que se dedica y se quiere dedicar a esto. La clave es no abusar y poner límites desde el poder público a lo que deben ser los derechos de la creación. A pesar de todo, resulta llamativo que ayer hubiese una manifestación de músicos y hoy todo un despliegue de blogueros contra esto, y que con la que está cayendo no nos preocupemos de otras cosas y como dice Juan Pedro Peña: salgamos a la calle con palos y piedras para protestar contra el paro y la miseria que están sufriendo muchas personas, que eso si que es importante.
Postdata: La viñeta de hoy de Manel (Público) pone el punto de crítica en la crítica.

5 comentarios:
En qué no estamos de acuerdo?
Bueno yo creo que en casi todo estamos de acuerdo ¿no? diferente redacción pero contenido similar.
http://elmundano.wordpress.com/2009/12/03/los-derechos-de-autor-como-uno-de-los-derechos-humanos/#comment-8754
Y el Derecho a la Propiedad es también parte de los DDHH
Creo que has hecho un artículo muy ecuánime y ponderado. ¡Enhorabuena!
Paco, yo en estos intríngulis me pierdo; soy muy elemental, por eso, como socialista sin partido y como demócrata de izquierdas, sólo creo que debe existir libre competencia dentro del libre mercado pero todo ello, bien mezclado y aderezado con un auténtico reconocimiento y protección legal a los derechos de autor de los artistas creativos, ya que se trata de uno de los derechos 'consagrados' en los países que reconocen el derecho a la propiedad privada.
Debe ser muy doloroso para un creativo de productos artísticos, ver cómo le hurtan la obra delante de sus narices, unos ultra-seudo-libérrimos del copón, invocando al santo que más manda en eso de la libertad de expresión y del libertinaje impune que ampara este modernísimo fenómeno de la Internet.
Mi libertad termina donde empieza la libertad del prójimo
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