miércoles, 16 de diciembre de 2009

El plataformismo: ¿ocaso de la partitocracia?


Uno piensa lo que mueve para el activismo político una persona como Aminetu Haidar, lo que representa que una sola persona pueda hacer más por la dignidad de un pueblo que todo un movimiento político. Ella sola, por su honradez, es más creíble que cualquiera de las asociaciones públicas que pretenden convencernos de salvar el Mundo, o simplemente arreglarlo con ligeras mejorías. El asociacionismo político, incluyendo en este el social o sindical, está en crisis. Lo decía el otro día Vicente Verdú en un excelente trabajo ("El encanto de lo efímero"): Los partidos políticos ya no interesan a nadie pero, en su lugar, han ganado muchísimo público los movimientos sociales. ¿En su lugar? No exactamente en aquel lugar ahora envejecido, desvencijado y tan pestilente como corrupto, sino en un nuevo territorio a donde la gente acude respondiendo a una llamada ocasional que, tras atenderla unas horas, se vuelve a casa. Hoy en día casi nadie se cree que la gente que está en los partidos políticos están ahí por el servicio público a su vecino. La corrupción, no ya en el sentido más agudo de hurto y pillaje, sino simplemente en el sentido de que sus intereses son personales, hacen que en los partidos políticos reine aquello "que hay de lo mio". Es lamentable, porque todos no somos así, y es lamentable porque se ha generalizado que la partitocracia no sirve, y lo peor de todo es, que como instrumento de obtener el poder de cambiar las grandes cosas, no existe otra alternativa más allá de una barbarie mayor y descomunalmente peligrosa como son los totalitarismos. Incluso el propio partido de Rosa Díez que ilusionó a ciertos incautos con una nueva forma de transparencia política ya ha demostrado que es uno más dentro del totum revolutum del "todo-vale" y del compadreo frente al líder en cualquiera de sus niveles. Hoy día la única solución pasa por el individualismo y el activismo temático en cualquiera de los movimientos sociales: la lucha contra el cáncer de mama, el ciberactivismo contra el control de la red, el lazo rojo contra el Sida,... El futuro, que nos han dejado a la gente que en cierto modo no vemos posible trabajar en la estructura partitocrática actual, es el del "plataformismo". La plataforma en la que a nivel individual y junto a organizaciones sin ánimo de lucro político, te puedes encontrar con gente en la que sabes a ciencia cierta que no van a sacar nada por aquello, que defienden la plataforma por la idea, aunque sea simplemente que no coloquen un edificio en una playa o que pongan un tranvía en tu ciudad, pero que son personas que no buscan un "carguito" o que le enchufen a su hijo en Diputación por el hecho de trabajar a ese nivel de activismo. Porque, no olvidemos, que en el fondo, el auge de este tipo de movimientos implica un declive de la democracia, porque es el declive de los instrumentos voceros de los ciudadanos, cuyo descrédito es cada día más evidente en partidos y sindicatos mayoritarios. Es duro lo que digo, especialmente por mi trayectoria personal en partidos y sindicatos, y es duro lo que dice Vicente Verdú en el artículo que hacíamos alusión en esta entrada del blog de que ya no interesan los partidos a nadie. ¿Habrá solución o simplemente habrá que esperar que se desmorone el sistema? Dejen sus comentarios...


11 comentarios:

__MARÍA__ dijo...

En estos días de nubarrones y fresquitos, nos hemos puesto a ver documentales de esos que se tienen ahí para momentos tal que así.
La mayoría de ellos de la pre-guerra civil española, nos relatan la falta de unión y el descreimiento entre los partidos -sobre todo en los de la izquierda- y en más de una ocasión hemos pensado que se pueden extrapolar situaciones a fechas como las de ahora.
No quiero yo parecerme a mis abuelos (los de ambos bandos) que siempre estaban diciendo..."como esto no cambie, vendrá otra guerra..." pero sí que se le pone a una a veces los vellitos de punta, viendo el panorama.
Y de comparsas a la iglesia católica apstólica romana...Uf.

Saludos

Enrique Castro dijo...

Quizás los neomarxisas en lo que fallaron fue en la condición humana, que no en la demostración empírica de la plusvalía y la acumulación del capital.

Por eso, los movimientos sociales espontáneos serán los protagonistas del primer tercio del S.XXI en las izquierdas y no los Partidos Políticos que dicen representar dichos valores ideológicos.

Hay que ponerse las pilas :-)

Amigo de la Dialéctica dijo...

Hola amigo:

Simplemente genial. Lo que dices es lo que verdaderamente piensa una gran mayoría de ciudadanos. En resumen, y con tus propias palabras, lo siguiente:

"Hoy en día casi nadie se cree que la gente que está en los partidos políticos están ahí por el servicio público a su vecino. La corrupción, no ya en el sentido más agudo de hurto y pillaje, sino simplemente en el sentido de que sus intereses son personales, hacen que en los partidos políticos reine aquello 'que hay de lo mio'".

"El futuro, que nos han dejado a la gente que en cierto modo no vemos posible trabajar en la estructura partitocrática actual, es el del 'plataformismo'".

"La plataforma en la que a nivel individual y junto a organizaciones sin ánimo de lucro político, te puedes encontrar con gente en la que sabes a ciencia cierta que no van a sacar nada por aquello, que defienden la plataforma por la idea, aunque sea simplemente que no coloquen un edificio en una playa o que pongan un tranvía en tu ciudad, pero que son personas que no buscan un "carguito" o que le enchufen a su hijo en Diputación por el hecho de trabajar a ese nivel de activismo."

"Porque, no olvidemos, que en el fondo, el auge de este tipo de movimientos implica un declive de la democracia, porque es el declive de los instrumentos voceros de los ciudadanos, cuyo descrédito es cada día más evidente en partidos y sindicatos mayoritarios."

Recibe un muy fuerte abrazote amigo.

mcc61 dijo...

Así que las personas que están en las plataformas "no van a sacar nada por aquello" y en cambio los que están (estamos) en los partidos estamos por el "que hay de lo mío". Mira tú por dónde.

En los partidos, en las plataformas y en las asociaciones de todo tipo, hay gente desinteresada que quiere poner su granito para mejorar la sociedad sin pretender un beneficio personal inmediato, y gente interesada que defiende un interés personal y directo (legítimo o ilegítimo, que puede haber de ambos). Es la naturaleza humana.

Es más, muchas plataformas (ojo, no todas)las constituyen personas que se consideran agraviadas por una decisión de una administración pública, que lo que quieren es que no les pongan un equipamiento "desagradable" cerca, que se les suprima un impuesto, o en general que las molestias las soporte otro, al más puro estilo NIMBY, y más allá de eso, en la mayoría de casos les importa un pito si el mundo explota.

Si eso ha de ser el futuro de nuestra sociedad, grupos de personas preocupadas por "lo suyo", vamos apañados.

nexus. dijo...

No se si siempre fué así, pero no debemos obviar una cuestión fundamental: los psrtidos los hacen las personas, son entes formados por personas y personajes (amén de personajillos también) y en mi opinión, los culpables del actual descrédito de la clase política en general, no lo tienen si no los mismos políticos que se han estado dedicando al clientelismo político y a la devolución de favores varios, además de como tu bien dices del "que hay de lo mío".
Quizá no se trate de buscar otra alternativa a ese tipo de asociaciones,si no de dotar al estado y a la sociedad de un conjunto de mecanismos para evitar esas prácticas.
¿Para cuando una norma de la "irresponsabilidad" política?.
En fin, el tema es delicado, pero las oenegés también han sufrido temporadas de cierto descredito, al final no serían copadas por las mismas personas que han utilizado en su propio beneficio os partidos políticos?
ya se sabe que la cabra siempre tira al monte...
Buena entrada que invita a la reflexión, un saludo.
salud y República!!
Nexus.

Blog de Paco Piniella dijo...

@Manuel CC61: Creo que no te has leído bien lo que digo porque no digo lo que tú dices que digo. Más o menos lo que digo es que el esquema de plataformas y asociaciones por una exclusiva causa, pone en evidencia que la gente no confía en los partidos políticos. Te lo digo como militante del PSOE, y como militante de CCOO, no desde la lejanía sino desde dentro.

@Nexus: No cabe duda, coincido contigo que es un tema de control, pero el problema es que los mecanismos de control los tienen que poner los que luego van a ser controlados.

progresista64 dijo...

Yo también, desde dentro. Estoy horrorizado con lo que conocemos día a día, con "qué hay de lo mio" eso es el día a día y los socialistas hemos perdido mucho camino andado y ciertamente es un momento -el mio personal- de plantearse si una organización como la existente merece la pena. En Málaga no me merece la pena, es un continuo "que hay de lo mio" que llega a términos inauditos y luego lo peor es que los sistemas dirigentes de los partidos se creen con el poder de asignar puestos de confianza únicamente mirando su futuro con votos cautivos, en ningún momento se valora el trabajo realizado, salvo para darte dos palmaditas mientras al amigo le dan lo suyo.

Jesús Ortega dijo...

Completamente de acuerdo con tu crítica del funcionamiento de los partidos políticos, Paco. Y también estoy de acuerdo en tu apreciación de que mucha gente ve a las plataformas como una especie de alternativa a los partidos. Sin embargo, me parecen acertados los comentarios de mcc61 y nexus a este respecto. El problema no son los partidos, sino la naturaleza humana. Las instituciones vienen a reflejar lo que se observa y se vive en el sustrato demográfico que les da vida. De ahí que las instituciones de la democracia representativa en Suecia funcionen infinitamente mejor que en Italia (lo que, dicho sea de paso, no quiere decir que en Suecia estén limpios de polvo y paja). Por tanto, quienes se acercan a plataformas y ONGs asqueados con los partidos están llamados al desencanto tarde o temprano. Aparte de la manipulación política de que son objeto a menudo estas plataformas (ya sabes, militantes de partidos que las montan y desmontan con fines partidistas), adolecen del mismo problema que cualquier otra institución: están formadas por seres humanos y algunos de ellos serán proclives a dejarse llevar únicamente por el interés propio.

Jesús Herrera Peña dijo...

Importantísimo artículo éste, Paco.
No obstante, comprendo un poco el comentario que te hace "mcc61" aunque lo rebates un poco.
A mí me da la impresión de que resumiendo mucho tu artículo vienes a decir: "Qué chunga la militancia de los partidos políticos hoy día. La militancia de la gente que está en plataformas sí que es fetén de la buena".
El aroma que desprende tu artículo, sin exagerar, es de un poquito maniqueísmo. En definitiva, me parecen sensatos también los comentarios de "mcc61", "nexus" y "Jesús Ortega".
La sociedad no se divide entre gente cojonuda del copón bendito y gente chungaleta que te tira patrás. La realidad es muchísimo más plural, compleja y osmótica.
Por muy sublimes que cada uno nos consideremos al juzgarnos a nosotros mismos, ¿quién alguna vez no ha reclamado en alguna circunstancia alguna prebenda de esas de «qué hay de lo mío»? No somos perfectos ni amovibles.

Los colectivos sociales, en conjunto, son y se comportan como quiere el propio colectivo. Unos empujando hacia el altruísmo, otros empujando hacia el egoísmo, y otros..., —quizás los que más— dejándose llevar sin empujar para ningún lado y escondiendo la cabeza bajo el ala.
Pero el grueso de tu artículo lo comparto y lo aplaudo bastante.
Salú.

Fernandez dijo...

¿Y dónde falla el sistema, entonces?
En la antigüedad, la península Ibérica estaba habitada por un abigarrado
mosaico de tribus que constituían unas cien comunidades
autónomas, unas más desarrolladas que otras y tan mal avenidas
que las guerras entre vecinos eran el pan de cada día. Los
recios nombres de aquellos pueblos indómitos y guerreros resuenan
en los folletos turísticos y libros de viajes escritos por Estrabón,
Avieno, Mela, Plinio el Viejo y Ptolomeo: lusones, titos,
belos, carpetanos, vacceos, vetones, turmódigos, berones, autrigones,
caristios, várdulos, cántabros, astures, galaicos, lusitanos,
turdetanos, bastetanos, oretanos, mastienos, libiofénices, deitanos,
contestanos, edetanos, ilergetes, suesetanos, ausoceretas, bagistanos...
En esta Babel de tribus no existía conciencia alguna de globalidad.
Fueron los buhoneros fenicios y griegos, llegados al reclamo
de nuestras grandes riquezas minerales, quienes consideraron
la Península como una unidad, los primeros que percibieron que,
por encima de la rica variedad de sus hombres y sus paisajes,
aquello era España.
¿España?
Sí, escéptico, lector: ESPAÑA. Ya entonces se llamaba España.
La hermosa palabra fue usada por los navegantes fenicios.
“¡TENGO MIEDO A QUE LA VERDAD CAMBIE MI
VIDA DEMASIADO, A CAMINAR POR TERRENOS
NUEVOS E INCIERTOS QUE ME DESCONTROLEN
TANTO QUE ME HAGAN PERDER EL
CONTROL DE MI MISMO!”

Jesús Ortega dijo...

No entiendo del todo el comentario de Fernández. Lo siento. De todos modos, es incompleto. Sí, cierto, el concepto de España existió desde muy antiguo, pero se trataba de un concepto meramente geográfico que incluía, además, a los territorios de lo que hoy es Portugal. El concepto político de España, obviamente, no existió hasta mucho más tarde. En este sentido, no es muy distinto de conceptos como Italia, Europa o América, por poner tan sólo unos cuantos ejemplos.

En todo caso, preguntas en qué falla el sistema. Pues falla, fundamentalmente, en lo que indica Paco. En eso creo que estamos todos/as de acuerdo. En lo que quizá diferimos es en concebir las ONGs como una panacea u organizaciones limpias de polvo y paja, que tampoco lo son. No creo que sea posible encontrar una causa única, como suele suceder con casi todos los fenómenos sociales. Por consiguiente, para el análisis correcto del problema habría que tener en cuenta las otras aportaciones que aquí se hacen, sobre todo la de la propia naturaleza humana. No niego que haga falta democratizar los partidos políticos, pero sí que me parece que los/as ciudadanos/as individuales tienen mucha más responsabilidad de la que pretenden. Sencillamente, si el número de militantes fuera superior, muchos de los tejemanejes que se ven en las Agrupaciones Locales serían mucho más difíciles de llevar a cabo. Pero, tal y como están las cosas, inflar los censos para ganar una Asamblea es bien fácil.