lunes, 26 de octubre de 2009

El ¿niño? pirata



Parece que últimamente empezamos a aceptar que aquel tiempo de piratas, enlatados en películas de Errol Flynn y Olivia de Havilland, o en las novelas de Stevenson o Salgari, no solo no ha pasado, sino que permanece vivo. Y volvemos a Somalia, donde hace unos semanas en esta misma columna, barruntábamos la desaparición y secuestro de un pesquero vasco, en aquellas aguas. Lo más llamativo, la captura por parte de la Armada Española de algunos de estos piratas, con el “chasco” manifiesto de que nos traíamos de aquellas aguas a un menor que jugaba peligrosamente a ser un niño pirata. Si usted pone en Google la frase “niño pirata” verá que le salen múltiples casas de disfraces para niño, con su parche y su pata de palo. Es que nadie, en este Primer Mundo tiene la delicadeza, aunque sea por un día, de dejar a un lado su eurocentrismo y su única manera de enjuiciar a buenos y malos, especialmente en un siglo en el que se quisieron cargar la Historia y terminaron cargándose el Derecho Internacional. Estamos en el siglo del “niño pirata” porque ya las guerras son incursiones humanitarias, los enemigos son terroristas, no soldados, y los Estados practicamente no existen, como es el caso más evidente de Somalia. Y no nos confundan señoras y señores, nada es lo que es, hemos dejado desaparecer un país africano, que apenas interesaba, y ahora nos ponemos las manos en la cabeza por la falta de organización de ese No-Estado para resolver nuestros problemas después de que, de paso, le esquilmemos sus costas. Queremos aplicar el Derecho Internacional cuando nos lo saltamos a la torera con la “guerra total” contra el terrorismo, con la privatización de los servicios de seguridad. Recordemos que en la zona, la industria del mercerismo fue desarrollada por Estados Unidos: más de la mitad de las operaciones son llevadas a cabo por empresas y por sujetos con contratos privados, en la mayor parte extranjeros. Es un nuevo concepto de guerra privatizada, que ahora se encuentra amenazado por un “niño pirata”, por un nuevo Sandokan, un nuevo Capitan Blood, que hace temblar al Mundo desterritorializado del nuevo siglo XXI.

Artículo publicado hoy en DIARIO DE CÁDIZ en mi columna semanal "La Meridiana".


1 comentarios:

Alfonso Vázquez dijo...

Somos el hazmreír de Europa. Una cosa es ser un país civilizado y otra es cogérsela con papel de fumar. Lo que está claro es que a este paso, tenemos a todos los menores somalíes atacando barcos españoles, sus proxenetas cobran el rescate y nosotros acogiendo "menores".
Así nos luce el pelo