En Internet estaba todo vendido, salvo una franja horaria de "plena siesta" para los últimos días de la exposición. Sorolla parecía que se nos iba de la mano. Al final unos amigos madrileños después de dos horas de cola a 40º a la sombra, pudieron sacar la ansiada entrada. Sí, nos volvimos de Madrid después de ver las exhibiciones magistrales de Matisse y de Sorolla. La boca abierta aún la tengo de esas salas del Prado con esas playas, esos niños, esa luz de Sorolla en sus lienzos. La de Matisse en el Thyssen, bueno tampoco estuvo mal, aunque muy cortita, muchos museos como El Ermitage o la Galería Orsay tienen mucho más de lo que pretendía la Baronesa en su milla de oro.
Todo esto no viene a colación de este caso concreto sino una reflexión de lo que se ha convertido el mundo de las exposiciones temporales: Velazquez, El Greco, Monet, Renoir, Picasso,... ¡hasta Darwin! todos son objeto de marketing para el show del arte. Quizás entren en conflicto dos cuestiones importantes: en primer lugar la falta de asistencia a los museos y la necesidad de generar expectativas diferentes. Se vende el "por primera vez en el Mundo unidas todas las obras de ... (rellénese con un nombre y búsquese un patrocinador)". Así es hoy el negocio del arte que lleva consigo el que las colecciones particulares se subvencionan y se evitan incluso el gasto de seguridad que lleva consigo tener un Sorolla o un Picasso en tu choza-palacio. Así es hoy el show del arte: colas, salas que parecen estaciones de metro, audioguías en todos los idiomas, y venta de libros, posters, y toda clase de objetos de colección. Yo he asistido, así que no me puedo quejar. Serán las formas del nuevo siglo XXI para ver un cuadro. ¿Y usted qué opina?
1 comentarios:
Lo decía Marx en el video de tu post anterior: el capitalismo ha conseguido hacer de absolutamente todo una mercancía de compra-venta.
La música, el arte... ¡incluso las relaciones humanas!
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